Efecto derrame: el riesgo político de Frigerio ante la caída de Milei
Por Nahuel Baridón
El poder global ya no responde a valores sino a intereses. Ese es el dato central de esta época.
El orden internacional basado en reglas, consensos y organismos multilaterales está en retirada. En su lugar emerge un mundo más crudo, donde las potencias imponen condiciones sin pedir permiso.
Estados Unidos, China y Rusia ya no compiten dentro de un sistema, sino que disputan poder: energía, alimentos, tecnología y control logístico.
Como plantea Giuliano da Empoli, entramos en la era de los “depredadores”: liderazgos que no buscan consenso, sino dominación. Y los ejemplos son evidentes en Venezuela, Ucrania y Medio Oriente.
La política local también cambió: ya no se organiza alrededor de programas o identidades históricas, sino del clima social de bronca, frustración y desconfianza.
Javier Milei expresa con claridad ese fenómeno. No construye orden, rompe el existente y convierte la furia social en legitimidad política.
Rogelio Frigerio, en Entre Ríos, representa otra lógica. No rompe, administra. No cuestiona el nuevo escenario, lo gestiona.
Mientras uno dinamita el sistema, el otro gobierna sobre sus consecuencias. Y en ese tablero, el peronismo no termina de ubicarse: sigue discutiendo con categorías de otro tiempo en una realidad que cambió.
En nuestra provincia, más del 90% de las exportaciones son agroindustriales y hoy producir alimentos es poder. Pero acá surge un punto aún incómodo para el peronismo y que evita discutir: las retenciones.
Sostener impuestos distorsivos sobre el principal sector exportador es limitar el desarrollo. Discutir su reducción o eliminación es discutir crecimiento y evitar ese debate es seguir mirando la realidad con anteojeras viejas. Lo mismo ocurre con el río Paraná que es logística, comercio y geopolítica.
El peronismo todavía no define desde dónde mirar este nuevo mundo. Si no actualiza su visión, corre el riesgo de volverse irrelevante. Necesita volver a pensar el desarrollo desde la producción; animarse a discutir competitividad, agroindustria y reformas estructurales. Negarse a ese debate no es defender derechos; es evitar la realidad.
Entre Ríos tiene todo para crecer. Lo que falta es decisión política. Porque el nuevo orden no se define en discursos, sino en quién produce, quién exporta y quién decide.
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No me contestaste y tenía que hacer un trámite, pero no hay problema; chiflame y estoy.