El “tope del 30%” del Inmobiliario: lo que realmente se paga y lo que no se explica
Por Roque Guillermo Benedetto
En el modelo actual siempre hay un culpable nuevo. Hoy: Techint. Ayer: otros. Mañana: vos. La pregunta no es quién sigue. Es cuándo.
Primero fueron los trabajadores. Después los jubilados. Después las personas con discapacidad. Después los periodistas. Después las mujeres. Después los adolescentes. Después los gobernadores, intendentes y legisladores. Siempre hay un culpable nuevo.
El método es simple: si no encajás en el modelo, sos un problema. Si dudás, sos un ensobrado. Si cuestionás, sos casta. Si existís en Argentina, sospechoso.
Ahora les tocó a los empresarios. Al capital productivo nacional. A la industria que invierte, arriesga y emplea acá. ¿De verdad alguien cree que la lista termina acá?
El mensaje de fondo es más profundo (y más peligroso): lo bueno siempre viene de afuera. Lo malo siempre es argentino. La Argentina no sirve, hay que saltearla.
Eso no es solo un programa económico. Es un programa cultural: bajar la autoestima colectiva, romper la identidad, convencerte de que no valés nada.
El proyecto de Javier Milei no es para los argentinos. Por eso no construye mayorías: las rompe. No eleva capacidades: las desvaloriza. No cree en un país: lo vacía. El desafío es otro: construir un proyecto con los que estamos acá, con nuestras banderas, nuestras ideas y el orgullo intacto.
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No me contestaste y tenía que hacer un trámite, pero no hay problema; chiflame y estoy.