El “tope del 30%” del Inmobiliario: lo que realmente se paga y lo que no se explica
Por Roque Guillermo Benedetto
En política, el “pato rengo” es aquel gobernante que, aunque mantiene el poder formal, ha perdido la capacidad real de decisión, de conducción y de influencia sobre la agenda pública. Rogelio Frigerio encarna este síndrome en Entre Ríos desde el inicio de su mandato, y lo profundiza día tras día.
El gobernador eligió caminar a la sombra de Javier Milei. Renunció a construir un liderazgo propio en la Región Centro y desperdició la posibilidad de erigirse como referente federal. En lugar de eso, se subordinó a un proyecto autoritario y centralista que castiga a las provincias.
Hoy, lejos del federalismo y sin margen político, Frigerio aparece reducido a un mero delegado del poder nacional.
La legitimidad de su gestión se erosiona rápidamente. Los últimos resultados electorales en la provincia de Buenos Aires fueron un golpe de realidad: la sociedad ya expresa un claro rechazo al modelo de ajuste y exclusión de Milei. Y Frigerio, aunque con otras formas retóricas, aplicó la misma receta en Entre Ríos.
El saldo está a la vista:
• Ajuste fiscal brutal que paralizó la obra pública y caída del salario real.
• Desmantelamiento de la salud (Iosper) y degradación de la educación.
• Endeudamiento provincial que hipoteca el futuro.
• Ausencia total de políticas de compensación social.
• Una elocuente indiferencia a las necesidades de los entrerrianos.
El resultado: un gobernador debilitado, atrapado en la lógica del sometimiento, sin capacidad de reacción. La alianza con La Libertad Avanza no muestra futuro, carece de signos vitales y evidencia más subordinación que estrategia.
Por primera vez, un gobernador entrerriano llega a la antesala de las elecciones de medio término con el “síndrome del pato rengo” instalado en su propia gestión. Frigerio gobierna con poder formal, pero con un poder político socavado.
(*) Gabás es contador y magister, referente del Centro de Estudios de Desarrollo Macroeconómicos (CEDMA)
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No me contestaste y tenía que hacer un trámite, pero no hay problema; chiflame y estoy.