Otro ejecutor del plan de ajuste en Entre Ríos
Por Francisco Nessmann
En 1983, con apenas 36 años, Jorge Pedro Busti asumió como intendente de Concordia en un contexto adverso: provincia y mayoría de municipios gobernados por el radicalismo, crisis económica y un reparto de fondos absolutamente discrecional (no había Ley de Coparticipación). El gobernador era Sergio Montiel, un dirigente fuerte, poco dado a la discusión interna.
Busti eligió no someterse. Reclamó los recursos que le correspondían a Concordia y defendió a otros municipios peronistas, aun sabiendo que eso implicaba confrontar con el poder de turno. En cada reunión, en cada discusión, marcó las desigualdades y defendió los intereses de los entrerrianos. Ahí empezó a forjarse un liderazgo.
Esa historia deja una enseñanza vigente. El peronismo nunca creció desde la obediencia automática ni desde el silencio cómodo. Creció cuando tuvo dirigentes capaces de dar la discusión política, aun en minoría, aun sin billetera.
Hoy, ya nuevamente en la oposición, el desafío no es solo electoral. Es político. Porque la oposición no existe para ocupar una banca: existe para representar una parte de la sociedad, poner límites, debatir prioridades y evitar que el poder se vuelva rutina sin control.
Sin embargo, lo que se ve con frecuencia es otra cosa: dirigentes que quedan desdibujados, sin voz propia, sin iniciativa. Se confunde “responsabilidad” con “acompañamiento”, y “gobernabilidad” con votar sin chistar. Y en ese movimiento, la oposición se convierte en una especie de escribanía del Ejecutivo.
No se trata de oponerse por deporte. Se trata de discutir lo que corresponde discutir: emergencias eternas, delegaciones de facultades, autorizaciones amplias, presupuestos sin control, prioridades invertidas. Si todo se aprueba por inercia, el mensaje que queda es que da lo mismo quién gobierna y para qué sirve la representación.
Ahí está el punto de fondo: si el peronismo quiere volver a ser alternativa real en Entre Ríos, no puede construir futuro con dirigentes que solo administran la conveniencia del presente. Necesita conducción, identidad, criterio. Necesita recuperar el hábito de explicar, marcar límites y proponer.
Porque cuando los dirigentes peronistas resignan el debate político y acompañan sin cuestionamientos las decisiones del Poder Ejecutivo, no están mostrando responsabilidad institucional: están renunciando a su rol. Y cuando eso ocurre, no solo se diluye una oposición: se rompe el contrato electoral con la gente que los eligió.
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No me contestaste y tenía que hacer un trámite, pero no hay problema; chiflame y estoy.