Saltar menú de navegación Teclas de acceso rápido

¿Por qué tantos jóvenes dejaron de creer? Una reflexión sobre la política, la participación y la esperanza

Cuando la desconfianza crece, el desafío no es resignarse, sino volver a construir motivos para creer.

 

Una mirada sobre el compromiso juvenil, el rol de las instituciones y la necesidad de recuperar la participación en la sociedad.

 

En los últimos años, muchas personas han perdido la confianza en la política. También hay jóvenes que sienten que sus ideas no son escuchadas, que participar no cambia demasiado las cosas o que la política está lejos de sus preocupaciones cotidianas.

 

Frente a errores, promesas incumplidas y situaciones que generaron decepción, es entendible que aparezcan el desencanto y la distancia. Pero hay algo en lo que vale la pena detenerse: que muchos hayan dejado de creer no significa que hayan desaparecido las ganas de hacer las cosas bien.

 

Todavía hay jóvenes que quieren aportar ideas, mejorar sus comunidades, impulsar el deporte, cuidar el ambiente, generar oportunidades y encontrar un lugar donde sus inquietudes sean escuchadas.

 

Sin embargo, muchas veces vemos que la participación juvenil es escasa. Y ahí también tenemos que hacernos una pregunta: ¿estamos generando los espacios necesarios para que los jóvenes se sientan parte?

 

Participar no significa solamente involucrarse en política partidaria. También es acercarse a un club, comprometerse con una institución, formar parte de un centro de estudiantes, participar en la universidad, colaborar con una organización social o impulsar una iniciativa para mejorar algo que nos preocupa.

 

No hace falta tener un cargo ni esperar a que alguien nos convoque. Muchas veces, los cambios comienzan cuando alguien se anima a dar el primer paso.

 

Pero la responsabilidad no es solamente de los jóvenes. También necesitamos instituciones dispuestas a abrir sus puertas, adultos que acompañen y espacios donde las nuevas ideas sean escuchadas. No alcanza con invitar a participar si después no existe la posibilidad de aportar, decidir y ver resultados concretos.

 

Recuperar la confianza lleva tiempo. No se logra solamente con discursos, sino con hechos, con coherencia, con humildad para reconocer los errores y con la voluntad de hacer las cosas de otra manera.

 

Por eso, la invitación es a no resignarnos. A los jóvenes, a animarse a participar. A quienes tienen más experiencia, a compartir lo aprendido y abrir caminos. Y a todos, a entender que una sociedad mejora cuando sus integrantes dejan de ser simples espectadores y se comprometen con aquello que desean cambiar.

 

No podemos pedirles a los jóvenes que crean solamente porque les hablamos de futuro. Tenemos que darles motivos para creer en el presente.

 

Quizás el primer paso sea recuperar algo tan sencillo como las ganas de encontrarnos, escucharnos y trabajar juntos, incluso cuando pensamos diferente.

 

Porque todavía hay jóvenes con ideas, personas comprometidas e instituciones con mucho para aportar. Hay quienes siguen creyendo que vale la pena involucrarse, ayudar y buscar soluciones colectivas. Y mientras existan esas ganas, tenemos una razón para no bajar los brazos.

 

La confianza no se recupera de un día para otro, pero puede empezar a reconstruirse cuando dejamos de esperar que otros cambien las cosas y nos animamos a ser parte del cambio.

 

Francisco Rial. Docente.

Hermes Hermes

¡Hola, soy Hermes!

¿En qué puedo ayudarte?

Hermes

¡Hola! Soy Hermes, el bot de SP. Dejame tu mensaje; contame tu historia, tu dato, chisme o habladuría

¿Estás seguro de cerrar el chat?

La conversación se termina al cerrar la ventana.

Cancelar Cerrar

Tuve que salir…

No me contestaste y tenía que hacer un trámite, pero no hay problema; chiflame y estoy.

Cerrar

Teclas de acceso